Distintas versiones bíblicas para diferentes fines

(Enzo Giustozzi, Para leer La Biblia, Palabra de Dios hoy, Editorial Guadalupe, 1991, pag. 170-173)

A. Popular

Apta para la difusión masiva. En el campo católico, no tenemos ninguna edición de la Biblia completa, o al menos el Nuevo Testamento, para este fin, La única que reúne todas las características es -que sepamos- una edición protestante, distribuida por las Sociedades Bíblicas. En su elaboración han colaborado también católicos. De ella hay también una edición para católicos, que lleva la indicación: "con Deuterocanónico” y una carta de Mons. López Trujillo, presidente del CELAM, que dice; "...el CELAM mira con satisfacción la publicación de Dios habla hoy, la cual, realizada con la colaboración de biblistas católicos, contiene, de acuerdo con nuestra petición, los libros deuterocanónicos..."

Esta edición se titula Dios habla hoy. Además de un índice de materias (unas veinte páginas), un glosario de palabras difíciles, una tabla cronológica, mapas, pesas y medidas, hay que señalar, como una característica peculiar de esta edición, que la hace eminentemente popular y apta para niños, las pedagógicamente valiosas ilustraciones, que hacen atractiva la lectura sin distraer la atención.

B. Pastoral

La Biblia, traducida, presentada y comentada para las comunidades cristianas de Latinoamérica (Biblia Latinoamericana). Es una edición católica, traducida y comentada en Chile, con aprobación del Arzobispo de Concepción, Mons. Manuel Sánchez. En la Argentina se ha publicado un "Suplemento obligatorio", elaborado a pedido del Episcopado Nacional, con el cual esta edición puede usarse sin ningún inconveniente.

Es una edición pastoral de la Biblia. Sus características más importantes, son:

a) Las introducciones y notas, de tipo actualizador del mensaje bíblico (es decir, tratan de actualizar y aplicar el mensaje a la actualidad; no sólo de explicar lo que el texto significa).

b) Fotos e ilustraciones, no sólo del mundo bíblico, sino del mundo latinoamericano o de la actualidad. (Por ejemplo, al hablar de los profetas, incluye imágenes de Luther King y de Helder Cámara.)

C. Catequística

El Libro del Pueblo de Dios, Fundación Palabra de Vida‑Ediciones Paulinas. Se trata de la segunda traducción a toda la Biblia hecha en la Argentina (la primera fue la de Mons. Straubinger, por los años cincuenta), por un equipo dirigido por los PP. Armando Levoratti y Alfredo Trusso. Primero se fueron publicando, en tomos separados, el Nuevo Testamento (con el título de El Libro de la Nueva Alianza), que se sigue difundiendo por miles, y algunas partes del Antiguo (Salmos, Hexateuco), hasta que, tras doce largos años, se completó la traducción, las introducciones y las notas a toda la Biblia.

Si tuviéramos que resumir en una palabra lo característico de esta versión, la llamaríamos "catequística". Porque no es popular (como Dios habla hoy), ni actualizadora o hermenéutica (como la Biblia Latinoamericana), sino que pretende explicar, aclarar, allanar el camino, para que luego uno actualice o popularice, si quiere. Para eso, trae una breve introducción a la Biblia, de cuatro páginas; luego tres de introducción al Pentateuco; luego una carilla de introducción al Génesis y media de introducción a los orígenes (Gén 1‑11, p.32). Luego, antes de Gén 12, donde empiezan las tradiciones patriarcales, media carilla sobre la época patriarcal y otra media, sobre Abraham, Isaac y Jacob, y la historia de José. Es decir que, sin recargar de erudición, da breves explicaciones prácticas, en las secciones en que se dividen hoy los libros bíblicos, según la ciencia exegética actual. Junto con estas introducciones, verdaderamente útiles y sobrias, hay breves notas al pie de página, que tratan también de ser actualizadas y prácticas, explicativas, aclaratorias del texto.

En cuanto al lenguaje usado, digamos que está a mitad de camino entre lo popular y lo literario: supone una cultura letrada similar a la que podría tener un alumno de segundo o tercer año de la escuela secundaria. Es una traducción argentina (rioplatense, al menos) y, dado que es la traducción que usamos en la liturgia, [1] es la más recomendable entre nosotros, porque es la que sirve para más cosas.

Con todo, hay que reconocer que, para barrios pobres y para niños de catequesis de iniciación, no es comprensible. No conviene usarla, si no queremos correr el riesgo de que la gente se aburra y la rechace.

D. Científica

La Biblia de Jerusalén. Con este nombre se conoce una versión de la Biblia llevada a cabo por la Escuela Bíblica de los dominicos franceses de Jerusalén. Originalmente, fue editada en francés, luego fue traducida a otros idiomas. Los textos (hebreo, griego, arameo) fueron traducidos al español por un equipo de unos veinte autores españoles, que no lo hicieron del texto francés ‑sería absurdo traducir una traducción‑ sino de las lenguas originales. Lo que sí fue traducido del francés es todo el resto que le da características propias a este edición: presentación, introducciones y notas, y apéndices (unas cuarenta y cinco páginas, que contienen una sinopsis cronológica y un índice alfabético de las notas más importantes).

La edición grande (hay otra de bolsillo y una de formato medio, llamada pastoral) tiene, además, copiosas citas cruzadas o referencias marginales. que remiten a otros textos bíblicos, que pueden ser:

a) citas de otros pasajes bíblicos,

b) duplicados o paralelos del texto que se está leyendo,

c) textos parecidos, o relacionados, o útiles para entender mejor ese pasaje.

Las introducciones a los bloques de libros (Pentateuco, Deuteronomio, Cronista, Profetas, Tobías, Judit, Ester, Macabeos, Sapienciales, Job, Salmos, Sabiduría, Evangelios sin ópticos, Evangelio y Epístolas de Juan, Hechos, Epístolas de San Pablo, Epístolas católicas, Apocalipsis), las notas a pie de página y las referencias cruzadas marginales (más el apéndice cronológico de más de veinte páginas) hacen de esta Biblia una pequeña enciclopedia actualizada de ciencia crítica bíblica, que aprovecha y resume los últimos cien años de estudios bíblicos como nadie había logrado hacerlo basta ahora. Esta es su riqueza y característica... y su limitación: es estrictamente crítica y científica. En la actualidad, es de uso obligado en seminarios y facultades de teología, católicos y protestantes, para acompañar el estudio exegético sistemático, científico, de la Biblia.

Para la tarea pastoral o catequística, ofrece más dificultades que ventajas. En primer lugar, la traducción es demasiado española. En segundo lugar, todo el aparato científico está pensado para estudiar, pero no para facilitar la tarea pastoral inmediata. La edición de bolsillo y la llamada "pastoral" tampoco se prestan mucho para nuestras necesidades pastorales, dado que son simples reducciones de la edición grande; y lo pastoral de la edición más reciente se reduce, casi totalmente, a la incorporación de situaciones del mundo de hoy (que reflejan ‑‑naturalmente‑ el mundo de hoy del original francés, es decir, situaciones de Francia o, a lo sumo, del mundo europeo desarrollado).

Esta edición agrega una guía de lecturas, que puede prestar cierta utilidad para el uso personal.

E. Literaria

La Nueva Biblia Española. Se trata de una traducción de toda la Biblia hecha por un equipo de traductores, lingüistas y literatos españoles, bajo la dirección del jesuita Luis Alonso Schokel, profesor del Antiguo Testamento en el Pontificio Instituto Bíblico (Roma) que goza de vasta fama, no sólo exegética, sino también por sus preocupaciones literarias (es autor de numerosos artículos y libros, de los que mencionaremos, tan sólo: La palabra inspirada, Estudios de poética hebrea, Historia de la literatura griega).

Lo propio de esta versión es su sistemática preocupación por lo literario, los géneros, las formas, los juegos de palabras, la sonoridad y musicalidad del lenguaje. Por eso, trataron de reproducir en castellano todos los efectos verbales, sonoros y estilísticos, de las lenguas originales. Si se trataba de una pieza poética, buscaron recrear poéticamente el trozo en castellano. Si de un trozo jurídíco, buscaron terminología jurídica usual en castellano, que pudiera dar no sólo los conceptos, sino también el estilo y el sabor jurídico en nuestro idioma.

Por ejemplo: "Ish/ishá" (hombre/hembra).

Si un dicho o sentencia se basa en un retruécano o juego de palabras, procuraron reproducirlo. En Gén 2,23b se dice: «... se llamará mujer, porque ha sido sacada del varón» (el hebreo juega con “ish” –varón-, "ishá" –mujer-).

Los traductores optaron, tradicionalmente, por dos caminos: o bien traducían la idea y explicaban en nota el juego de palabras, o bien trataban de reproducirlo, traduciendo "varón/varona" (que no existe). La Nueva Biblia Española recurre a dos palabras de etimología diferente, pero que reflejan bien al retruécano:"... se llamará hembra porque ha sido sacada del hombre".

Quizás en España, esta versión pueda considerarse pastoral (de ella se elaboró la versión litúrgica para. España), pero no lo es para nosotros. Con todo, la recomendaríamos a toda persona que tenga cierto g‑asto por la justeza y elegancia de la expresión literaria.

Agreguemos que hay una edición para América latina, con una serie de retoques (ustedes en lugar de vosotros, y la modificación de una serie de palabras no usuales habitualmente, o chocantes) que la aproximan mucho a nuestras necesidades.

5. Volviendo al principio

¿Entonces, cuál es la mejor Biblia? ¿Y las ediciones?

Nos hemos detenido en estas cinco Biblias, porque las consideramos las mejores, pero ninguna es la mejor para todos los usos y necesidades.

Como hemos ido señalando, la primera es popular (Dios habla hoy); la otra es pastoral, actualizadora o hermenéutica (Biblia Latinoamericana); la tercera es catequística, explicada (El Libro del Pueblo de Dios); la cuarta es crítica y científica (Biblia de Jerusalén) y la última es literaria (Nueva Biblia Española).

En cuanto a las otras ediciones que hay en castellano (¡demasiadas!), hay algunas antiguas, como la protestante Reina‑Valera y la católica de Torres Arnat (traducción del latín), que ya no tienen más interés que el histórico. Más o menos lo mismo puede decirse de las traducciones católicas de la década del cuarenta: Nacar Colunga, Bover‑Cantera, Straubinger, etcétera.

De las más recientes, no creemos exagerar si decimos que, en general, no sobresalen por ninguna virtud específica, y que, por lo tanto, sirven a medias. El texto suele ser demasiado español para nuestros oídos.



[1] 1 N. del E.: El autor hace referencia ala liturgia de la Iglesia Católica de la República Argentina.